Si eres medianamente curioso ya debes haber encontrado este blog.
Como podrás darte cuenta, no hay ni una sola palabra antes del 8 de mayo. Por esos días borré todo y lo guardé en un CD junto a los otros siete blogs que he tenido desde hace cuatro años.
Tal vez la mayoría de cosas que leas acá ya te las habré dicho, pero siempre me queda más fácil escribirlas. Las palabras me salen más fácil, el léxico fluye sin ningún contratiempo, no se me quedan frases atascadas entre el supuesto filtro que todos tenemos entre cerebro y dedos y cuando pongo el punto final por lo general respiro profundo y descanso.
Yo me mantengo en lo que he dicho. Tal vez he hablado de más, como siempre, pero me mantengo en todas y cada una de las palabras que te he dicho.
Y me duele en el alma que insistas en tus eternos agradecimientos hacia mí por haber sido la persona que te ayudó a recuperar la confianza en "el amor" y haberte curado el corazón. Y aunque eso me hace sentir como una gran mujer y me llena de un sentimiento extraño, mezcla de felicidad y amargura, no dejo de sentirme profundamente triste de saber que no me quieres como yo te quiero. Estar casi casi segura de que en este punto de mi vida eres perfecto para mí pero yo no lo soy para ti (cosa que, lo acepto, no logro entender) me entristece. Mucho.
Porque no entiendo cómo puedes adorarme tanto, cómo puedo gustarte tanto, cómo puedes quererme tanto y así, partiendo de esas premisas, me dejes ir.
Me hayas dejado ir.
Me dices que me quieres, que te encanto, que te caliento, que me quieres de nuevo, pero que no estás listo para "otra relación larga". A la mierda con eso.
A la mierda con todo.
A la mierda con la amistad que pretendes. Ya te lo dije, por ahora es mejor dejar las cosas así. Y sí, me encanta tenerte adentro, estar contigo, hablar contigo, bailar contigo, caminar contigo, pero no quiero que me llames ni me busques ni pretendas que cada vez que te dé la gana y me llames yo te abra las puertas de mi casa y de paso mis piernas. No.
No quiero ser tu fuck friend.
Tampoco tu amiga, por ahora.
No quiero sentirme insegura, no quiero enredarme la cabeza contigo, no quiero esperar tus llamadas, no quiero empelicularme porque estás con tu ex, no quiero vivir preguntándome por qué no me pones en un altar y me llevas hasta el fin del mundo.
Yo quiero estar tranquila.
Y quiero, quisiera, quería, eventualmente, ser tu mujer. La mujer que fui para ti al principio de todo. Cuando yo era feliz y tú me divertías (como anoche, así, exactamente así).
Sí, te quiero. Mucho. Te voy a extrañar montones. Pero ya que no vas a estar conmigo, espero que no vuelvas con ella. En serio, desde el fondo de mi corazón, te deseo que pronto encuentres una mujer realmente especial con la que te sientas más cómodo de lo que te sentías conmigo y con ella sí puedas empezar la relación sana y fácil que te mereces.
Yo voy a estar bien.
Estoy a punto de renunciar a ir por el mundo curando corazones heridos. Y sé que alguien, algún día, en algún momento, me curará el mío.
viernes 23 de mayo de 2008
Broken hearted
jueves 22 de mayo de 2008
Fuckpoint II
Otras veces, tan sencillo, me enredo. Como un gato con una madeja de lana. Como una quinceañera con el cable del teléfono. Me enredo cuando me llama y me dice, borracho y llorando, que siempre va a estar agradecido conmigo porque estuve ahí y por ser lo que soy. Entonces le respondo que nunca más me vuelva a decir eso pero lo repite y lo sigue repitiendo y yo, lo único que hago, es recordar:
Abril 18 de 2008
Fuckpoint
“Después de estar con alguien diez años necesitás una relación fácil que te cure. Un otro que te cure, que te devuelva la fe. El problema es que ese otro nunca es esencial. Es una relación de tres meses, por ejemplo. Una muleta, alguien que te ayuda a hacer ese duelo. Alguien de transición. Una enfermera que te ayuda a caminar de nuevo, te lava las heridas, te hace la sopa sin sal. Y recién cuando estás curado podés encontrar a alguien especial."
Tomado de: http://www.ciegaacitas.com/el-juego-del-telefono-descompuesto/
Y entonces, el fuckpoint llega. Me empiezo a joder la cabeza.
Y no sé si sean los dos meses, si hoy me siento como un bulto de 100 kilos ambulante, si es que -por fin- me va a venir y no me aguanto ni a mí misma o si es que de verdad esas palabras me parecen tan ciertas y tan plausibles que me jodo, me jodo mucho la cabeza y empiezo a sentir que yo, en este momento, soy su muleta.
Su enfermera.
Alguien de transición.
La que le está ayudando a caminar de nuevo después de una relación de, más o menos, diez años.
Y que, claro, cuando se sienta curado me va a mandar a volar con un agradecimiento eterno por haberle ayudado a sanar sus heridas mientras yo voy a volver a ser la de siempre: la misma y jodida solterona de siempre.
Me parece estar leyendo a A. diciéndome que no me joda tanto la cabeza.
Me parece estar oyendo a D. diciéndome que los blogs me están enloqueciendo.
Me parece estar diciéndome a mí misma que le baje a la película.
Pero ya ven, mis predicciones resultaron ciertas y hoy lo único que recibo de él es ese agradecimiento eterno por “ser y haber estado ahí”, es decir, por haber sido su muleta, su enfermera, alguien de transición. Le digo que no me lo repita. Él no sabe por qué, pero cuando lo vea le voy a entregar una impresión de ese post del 18 de abril.
Después de que la haya leído espero que entienda cómo me siento.
En últimas lo único que quiero es un poco de atención...
martes 20 de mayo de 2008
A veces pesa.
No la soledad. La soledad no pesa. A mí no me pesa. He estado sola desde hace mucho tiempo y, para mí, pasar un fin de semana, dos, tres, cuatro, cinco, seguidos, sin nadie, no es ningún problema. En serio.
El problema son mis otras insatisfacciones.
El problema son las cosas que dije.
El problema fue todo lo que él me dijo a mí.
Las promesas. Todo. Eso sí pesa. Porque me pone a pensar, no porque extrañe lo que me dijo. No porque lo extrañe ocupando tres cuartos de mi cama y robándome las cobijas a media noche. No porque extrañe su cuerpo, sus abrazos, sus besos y sus palabras. No porque extrañe lo mal que dormía a su lado cuando estaba sobria. No porque lo extrañe mirándome a cada rato con cara de decepción e inventándose excusas estúpidas para irse de mi casa a media noche.
Todo pesa porque reflexiono. Pienso.
¿Cuántos más tendrán que pasar por mis piernas y decirme las mismas mentiras y hacerme las mismas falsas promesas antes de que llegue 'the one'?
Yo sé. Estoy joven. Soy inexperta.
Pero no quiero. En serio. Estoy cansada de entregarme en cuerpo y alma al primer imbécil que me trata bien un par de semanas para después sentirme como un insecto aplastado contra una ventana.
No quiero decir que no voy a permitir que me la vuelvan a hacer, no voy a decir que voy a evitar al máximo mi contacto con el subgénero masculino hasta que alguien muestre suficiente interés en mí como para pasar a mi lado más de tres meses ni mucho menos voy a arrepentirme de lo que he hecho hasta hoy, porque puedo ser muy boba e ilusa, pero he aprendido. A las patadas pero he aprendido.
Y no sé… Quiero algo… Need a change of scenery, need a new life…
No sé si lo extraño. Todavía no sé. Todavía no sé si hice lo correcto. Todavía no sé si no permitir que "hablemos" por última vez sea la decisión acertada. Todavía no sé si lo hago por mí o por él, porque él claramente no quiere verme. No sé si lo quise tanto como decía. No estoy segura de lo cómoda que me sentía a su lado. No estoy segura de cuánto me gustaban o me incomodaban muchas de sus actitudes.
No sé nada.
lunes 19 de mayo de 2008
Back to mine
Me siento como siempre: soltera, feliz, sola, descansada y con la cama toda para mí y para mi gato.
La verdad, la cruel verdad, es que después de que uno manda a alguien para la mierda todo se ve más claro: sus defectos, sus virtudes, sus inseguridades, lo mentirosas que eran sus palabras y lo ridículo que fue todo.
Pero bueno, así es la vida y al parecer así se aprende de las cosas.
De él, excelentes recuerdos pero la certeza de que es un gran bocón y una persona a la que la plata le interesa más que cualquier otra cosa sobre el universo.
No ha ido por sus cosas, claramente. Tampoco se las voy a dar yo, se las dejé con un amigo en común porque no quiero tenerle que volver a ver la cara en un buen tiempo. No es que se me vaya a arrugar el corazón o vaya a pensar que definitivamente era el hombre de mi vida y "se me fue", no, es sólo que prefiero evitar un mal rato, un silencio incómodo o una palabra de más.
Así que este blog y su estable inestabilidad vuelven a la blogósfera.
Y yo, como decía la ex rumi, back to singleland. A la tierra de la feliz soltería, los one night stands, tener tiempo para mí y esperar a que pronto vuelva a dejar de estar sola, así sea para que me dure, de nuevo, tres meses.
Es que la última vez que superé los tres meses con alguien fue hace nueve años, ¡creo que ya se me está olvidando lo que es la estabilidad!
viernes 16 de mayo de 2008
You think you're loving but you don't love me...
Hoy le dije que pasara mañana por sus cosas.
También le dije que nunca creí que le fuera a joder tan rápido la cabeza el hecho de que yo no tengo un peso en donde caerme muerta y que ya haya empezado a extrañar la vida de pachá que tenía al lado de su exnovia.
Por supuesto, me dijo que eso no era verdad.
Yo sé que sí.
Sé incluso que sus amigos, a espaldas de él, tienen una especie de apuesta cazada: "vamos a ver cuándo le dura el amor sin plata".
Entonces obviamente se me bajó todo. Y como él no es excepcional en cuanto a que no es ni el primer ni el último hombre sobre el planeta que me rompe el corazón, entonces decidí cortar por lo sano, antes de hacerme daño, antes de despertarme llorando a media noche y antes de que todo se me saliera de control y terminara como con la última historia: sumida en una profunda y ridícula depresión por alguien que claramente no valía la pena.
Pero bueno.
Al parecer aprendí del error.
Y estoy bien. No le veo ningún sentido a seguir con alguien que en las últimas dos semanas no me ha dado la importancia que me merezco sin ninguna explicación lógica y directa. No le veo absolutamente ningún sentido a estar ahí, así, sólo ahí, y que las cosas estén ahí, así, como sin gracia, sin pasión, sin diversión y sin palabras bonitas de su parte ni tiempo para mí.
Le decía a Cat el miércoles que me enamoré del D. del principio y que ese D. ya no estaba. Ya no existía. Ya no me hacía reír ni me hacía sentir bonita y buena, ya no me quería poner en un pedestal ni llevarme hasta el fin del mundo, y que a mí no me servía el nuevo D., lleno de ocupaciones, excusas, poco tiempo, muchos problemas, estrés y silencios largos e incómodos de su parte.
Él, claramente, no tiene la culpa de que yo me haya enamorado de su versión beta y que ya, después de haberla mejorado, no me pueda dar todo lo que me daba al principio.
No es tampoco cuestión de buscar quién tuvo la culpa de qué, la verdad no estoy de ánimos para eso.
Y pues tampoco me voy a echar a la pena por él.
Siempre le dije a A. que en caso de que todo se acabara así de un día para otro, iba a estar feliz de haberlo conocido y de haber pasado unos días increíbles a su lado. Porque no voy a negar que estaba feliz y se me notaba en la cara y quería gritarle al mundo que estaba perdidamente enamorada de ese hombre, entonces prefiero quedarme con esos recuerdos...
Como podrán notar, tampoco tengo resentimientos.
¡Crecí!
Cada vez duele menos...
En fin...
Mañana va a recoger sus cosas y espero tener con él la última conversación acerca del asunto. Me encantaría saber qué fue lo que le pasó y espero que, como las dos personas adultas y civilizadas que somos, podamos dialogar.
Y, una vez más, estoy tranquila y feliz porque me queda la misma satisfacción que me queda siempre: lo hice todo bien.